Capítulo 54 – Lo que queda después de todo.
El dolor me clavó las rodillas en el asiento antes de que pudiera pensar. Un latigazo que me arrancó un grito ahogado y me dejó sin aliento. El volante tembló bajo mis manos; el mundo se redujo a una luz amarilla que se abría y cerraba detrás de mis párpados. La carretera se desdibujó en líneas borrosas y la respiración se me hizo cristal fino que podía quebrarse en cualquier momento.
Arranqué el coche como si fuera un animal herido. No supe cuánto tiempo conduje. No sé si fueron minutos o hora