El ritmo de los monitores llenaba la habitación con un sonido acompasado, como si marcara el pulso de mi propia esperanza. Me quedé observando a Alex mientras dormía, sus rasgos relajados después del esfuerzo que había supuesto despertar y hablar conmigo. Tenía la sensación de que, si apartaba la vista demasiado tiempo, algo podría desvanecerse.
Apoyé la frente en el respaldo de la silla y cerré los ojos unos segundos. El cansancio acumulado durante días me pesaba en los huesos, pero la necesid