Las semanas se fueron deslizando con una calma extraña, como si después de tanta tormenta el silencio se hubiera vuelto un refugio. La terapia, los gestos cotidianos, las pequeñas sonrisas compartidas… todo parecía construir un puente delicado entre nosotros. Un puente frágil, hecho de hilos de paciencia y recuerdos, que podía romperse con cualquier viento inesperado.
Yo trataba de no pensarlo demasiado, de dejarme llevar por esa serenidad recién conquistada, pero la duda nunca desaparecía del