Me quedé hablando con mi suegro, sonriendo en los momentos que correspondían, respondiendo con frases cortas que parecían interesarlo, pero por dentro, mis oídos estaban puestos en el pasillo. Intentaba distinguir cualquier voz, cualquier palabra que delatara lo que Alejandro y su madre estaban discutiendo. No escuché nada, solo un murmullo lejano y el ocasional crujir de la madera bajo algún paso.
—Es admirable que una mujer joven como tú se involucre tanto en el negocio familiar —dijo mi sueg