Valentina se observaba frente al espejo como si no terminara de reconocerse.
El vestido que Kaiser había elegido la hacía dudar de todo. No del gusto del rey vampiro, eso jamás, sino de sí misma. Era rojo escarlata, un tono profundo que parecía beberse la luz de la habitación. El escote descendía con osadía, apenas cubriendo lo necesario, dejando al descubierto más de lo que ella jamás habría mostrado por voluntad propia.
La falda, corta, se detenía varios dedos por encima de sus rodillas, r