Seguía en la oficina esperando que aquella mujer me contara cómo sabía que Armando y yo nos habíamos peleado. No entendía cómo se había enterado de algo que no le había mencionado a nadie en el museo. Al final, tras una pausa dramática, me miró la mano y se encogió de hombros.
—Desapareciste de forma repentina y ahora llegas sin tu alianza de matrimonio. Conjeturas, mi niña, conjeturas…
—Armando nunca me cayó bien —me dijo Robert viéndome a los ojos—. Siempre te he dicho que te mereces algo m