Capítulo 8
Seguía en la oficina esperando que aquella mujer me contara cómo sabía que Armando y yo nos habíamos peleado. No entendía cómo se había enterado de algo que no le había mencionado a nadie en el museo. Al final, tras una pausa dramática, me miró la mano y se encogió de hombros.
—Desapareciste de forma repentina y ahora llegas sin tu alianza de matrimonio. Conjeturas, mi niña, conjeturas…
—Armando nunca me cayó bien —me dijo Robert viéndome a los ojos—. Siempre te he dicho que te mereces algo mejor…
Con “algo mejor” se refería a algo como él. Para nadie era un secreto que sentía cierta atracción desmedida por mí. Yo, para evitar malos entendidos, siempre lo traté desde la distancia.
—Amiga —me habló Jorge con una mueca de disgusto—, pero qué pasó. Parecían una pareja tan estable. Planeaban tener un hijo…
El estómago se me revolvió con las palabras de Jorge. Era cierto que había pasado página, que mi noche con aquel desconocido de ojos azules me había servido como punto fina