Laura bajó del coche, mientras Marta aguardaba sentada. Marcos levantó ligeramente su mano y ella correspondió a su saludo de la misma manera.
Aunque Marcos y Marta aparentaban estar tranquilos, en su interior sus corazones latían con tanta fuerza que parecían estallar de emoción. Mientras Laura, ajena a la tormenta que se agitaba entre ellos, se acercó a su esposo rodeándolo por la cintura y él pasó su brazo por encima de ella, acercándola a su costado.
—¿Qué haces aquí, mi amor? —preguntó