Marcos condujo de regreso hasta su oficina. Aquella conversación con Marta lo tenía tan desconcertado y a la vez, tan molesto que no quiso ir a su casa. Necesitaba estar sólo y no pensar en ella, ocupar su mente en su trabajo y olvidarse de su realidad por un momento.
Subió al ascensor, la postura de su cuerpo reflejaba a un Marcos devastado. La puerta se abrio y frente a él, estaba su asistente aguardando para irse.
—Señor Sánchez —murmuró la mujer sorprendida de su regreso.— Pensé que no