El libro resbaló de su mano y al intentar retenerlo, Marta perdió el equilibrio, tambaleándose, a punto de caer.
En una reacción instintiva, Marcos la tomó de la cintura sosteniéndola entre sus brazos. Sus rostros quedaron tan cerca el uno del otro, que ella podía sentir su respiración agitada y su tibio aliento.
Marta se estremeció al sentir su cuerpo junto al suyo, separados apenas por el libro que ella no llegó a soltar en ningún momento. Su corazón latía con rapidez y sus labios ansiosos