Marcos salió en su coche rumbo a la empresa. Mientras conducía, las palabras de Marta, se repetían en su cabeza una y otra vez. Aquel mensaje oculto en la frase “No quiero fallarle” era una clara confesión de lo que realmente sentía por él.
Tenía que verla, hablar con ella, que le dijera la verdad, su verdad. Todo lo que estaba sintiendo por Marta, era igualmente correspondido por ella. De eso, no había duda.
Esa noche, durante la cena, él estuvo callado y pensativo.
—¿Sucede algo? —preguntó