El silencio en la mansión no era incómodo, era resignado. Nicolás observaba desde el ventanal cómo Sofía subía a un auto con Adrián para asistir a una cena privada con potenciales inversionistas. Su porte, su seguridad, y la manera en que se reía con soltura ya no eran sólo una máscara, era ella y él no formaba parte de eso.
No más.
No sintió rabia ni celos, solo un frío vacío. El tipo de vacío que llega cuando entendemos que el amor que tuviste no va a volver, y no porque se haya muerto, s