El escándalo seguía circulando en redes, aunque el fuego mediático comenzaba a perder fuerza. Sin embargo, en Sofía habían dejado marcas más profundas que cualquier titular. Esa mañana, se paró frente al ventanal de su oficina y observó el río. Los movimientos, los negocios, y los números se sentían lejanos.
—¿Estás bien? —preguntó Adrián desde la puerta, con una bandeja de desayuno.
Ella asintió, pero no giró.
—¿Nunca pensaste en dejar todo e irte?
—Lo hice, y me arrepentí de no haberlo hecho