95. Confesión II
Arturo Abad Rocamonte
Saber que Ana nunca había traído un novio a su casa me descolocó por completo. No lo esperaba.
Por lo que ella me había contado, Alcázar y ella habían vivido juntos casi medio año, y eso me hacía preguntarme por qué nunca había cruzado esta puerta. En el fondo… me alegraba. Era absurdo, lo sabía, pero esa parte de mí, que siempre había querido ser el primero en su vida, se sintió satisfecha. Aun así, la curiosidad me carcomía.
—Te gustan las herramientas de construcción, s