77. Tenia corazòn II
A diferencia del hospital privado donde trabajaba, aquí las habitaciones eran compartidas; ocho pequeñas camas separadas por cortinas color crema que apenas ofrecían algo de privacidad. El murmullo de los monitores se mezclaba con los suspiros de los padres, el llanto de algún bebé y el sonido metálico de las bandejas.
Roberto empujaba el carrito mientras yo iba entregando las porciones de comida.
Era evidente que aquel lugar le incomodaba. No era un hospital privado con habitaciones impecab