7. Le habían quitado todo II
Ana Paula Lago
Sentí el calor de una mano que se deslizaba suavemente por mi brazo, tibia y firme, devolviéndome poco a poco a la realidad. Abrí los ojos de golpe, desorientada, con la respiración entrecortada. ¿Qué había pasado? Estaba recostada en un sofá de cuero, desconocido, que olía a maderas finas y perfume masculino.
Me incorporé de inmediato, aturdida, mirando a mi alrededor como un ave herida. Un hombre con bata blanca —un doctor, supuse— me observaba con atención, como si esperara a