67. Reencuentro I
Ana Paula Lago
Cuando llegué al departamento, el sonido del televisor estaba bajo y la luz de la tarde entraba a través de las cortinas, bañando la sala con un tono cálido. Lily estaba recostada en el sofá, con las piernas cruzadas sobre el reposabrazos y el celular entre las manos, riendo suavemente por algo que veía en la pantalla. Su despreocupación era casi envidiable.
—¡Hola! —saludé, cerrando la puerta con suavidad—. ¿Podemos hablar, Lily?
Ella levantó la vista con una sonrisa curiosa.
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