45. ¿Dónde estaba Lilian? II
Guardé silencio, observándola. Sus regaños no eran ásperos, pero me calaban como si atravesaran una coraza invisible.
—Ya no me quejaré —cedí en voz baja.
—¿Por qué estabas enojado? —preguntó de pronto, sin apartar la vista de mi mano.
Tragué saliva, desviando la mirada hacia un punto cualquiera del departamento. ¿Confiar en ella? Tal vez no debía… pero algo me decía que podía ser útil ganármela. Ana no era como Katherine.
Suspiré.
—No suelo hablar de mis asuntos personales con desconocidos… —m