30. Doctora corazón II
A la mañana siguiente llegué al hospital con la intención de saludar a mi padre antes de su operación. Giré despacio la perilla de la puerta y entré. Mi madre estaba sentada junto a la cama, con el rostro cansado pero sereno. Para mi sorpresa, mi padre no estaba recostado, sino sentado, con algo de color en las mejillas. Me alegraba verlo así, más repuesto.
—Hola, papá, ¿cómo estás? —pregunté acercándome para después darle un beso de buenos días a mi madre.
—Bien, hijo. Gracias al cielo sigo vi