23. Los resultados I
Ella se mantuvo profesional, sin hacer preguntas. Solo asintió y me siguió en silencio por el pasillo hacia la habitación de Lisa.
Cuando entramos, Lisa ya estaba despierta. Su rostro se iluminó apenas reconoció a la doctora.
—¡Ana! ¡Viniste a visitarme! —exclamó, alzando los brazos en un gesto ansioso de pedir un abrazo. No podía levantarse por el pie inmovilizado, pero su entusiasmo llenaba la habitación.
Ana pasó a mi lado, sin dudarlo, hasta llegar a mi hija. Se inclinó para abrazarla, y la