104. Trampa
Ana Paula Lago
El teléfono temblaba entre mis manos, y por un segundo dudé en contestar. Ese nombre en la pantalla me heló la sangre. Domenika.
Mi exsuegra.
La mujer que me culpó de todo, incluso de la muerte de su hijo.
Apreté los labios, respiré hondo y deslicé el dedo sobre la pantalla.
—¿Qué es lo que quiere de mí? Ya me despidieron del hospital. ¿Qué más quiere Domenika?—murmuré, con la voz temblorosa.
Del otro lado, la voz de Domenika sonó suave, demasiado medida, tan distinta al tono lle