103. Venganza
Narrador Omnisciente
La cafetería del hospital bullía con su movimiento habitual: cucharas que tintineaban, voces que se entrelazaban en un rumor constante, el olor del café recién hecho flotando entre las mesas. En una esquina discreta, donde la luz se hacía más débil y el murmullo parecía amortiguado, Domenika permanecía sentada como una estatua: rígida, fría, con la mirada clavada en la pareja que hablaba a lo lejos. Su rostro, endurecido por la pena y el odio, no parpadeaba; veía y procesab