101. Sin piedad
Roberto Abad Rocamonte
La serenidad que fingí durante la conversación con el padre de Lily se desmoronó apenas vi a Arturo esperándome afuera de la habitación, con ese rostro serio que ya me anticipaba malas noticias.
—Tenemos que hablar —dijo, apenas me acerqué a él. Su tono fue seco, directo.
Lo miré con desconfianza.
—¿Qué pasa?
—El contacto de Sam en la policía me llamó. Revisaron el auto. —Se detuvo un segundo, tragando saliva—. La manguera de los frenos estaba cortada.
El estómago se m