Edward salió de la casa con el corazón en pedazos. El aire de la noche era frío, pero no tanto como el vacío que sentía en el pecho. Sabrina le había ocultado algo importante, algo que lo había herido profundamente. Que se hubiera reunido con Joaquín, su ex, sin decirle nada, era una traición que no podía ignorar. Con las manos temblorosas, encendió el motor de su coche y condujo sin rumbo fijo, hasta que, casi sin darse cuenta, se encontró frente a la casa de su hermana Clara.
La luz cálida de