El motor del taxi rugió al detenerse frente al Hospital Regional Santa Clara. Catalina apretó la ventanilla con tal fuerza que los dedos se le marcaron en el borde de plástico. El edificio de aspecto gris y sombrío, era como un triste recordatorio de su clase social. Se tragó la indignación y las ganas de llorar, bajando rápidamente del automóvil.
Erick pagó al conductor mientras ella saltaba del auto, corriendo hacia la entrada con los zapatos golpeando el sueño de baldosas descoloridas. El ai