Capítulo 77.
Sofía.
La putrefacta peste que invade mi nariz me hace recobrar la consciencia con una arcada, sumado a un ataque de tos que toman control de mí. Apenas puedo respirar y eso me resta al no encontrar de que sostenerme al irme de bruces al suelo, de nuevo.
Todo me duele. El costado me quema, los pies me tiemblan, las manos me arden y la nariz no me deja de sangrar. Por el aturdimiento no me puedo mover sin marearme, y menos con la argolla en mis pies que los mantienen juntos. Trato de mantener e