Seis meses habían pasado desde que Alexander Voss cruzó las puertas de la mansión Blackwood.
Lo que empezó como una prueba de fuego se había convertido en una realidad diaria, hermosa y aterradora al mismo tiempo. Vivían entre la pasión y el miedo constante a repetirse. Algunas noches se amaban con una intensidad que hacía temblar las paredes. Otras noches discutían hasta el amanecer, sacando a relucir viejos fantasmas familiares.
Esa mañana de otoño, Isabella estaba en el invernadero revisando