Capítulo 60. El verdadero plan de mi jefe
Seguimos besándonos no sé cuánto tiempo, pero sí sé que no es suficiente para saciar las ganas que tenemos el uno del otro, ya que los besos no son suficientes y, sin importar más, seguimos con caricias, convirtiendo mi oficina nuevamente en un desastre ante la necesidad de pertenecernos; sin importar el lugar o la hora, si alguien nos ve, nada de eso importa.
La entrega es silenciosa, nadie dice nada, pero nuestras miradas, besos y caricias lo dicen todo. Estoy sobre mi escritorio recibiéndolo