Capítulo 46. Una oportunidad
Empiezo a vestirme en silencio, ni siquiera me pongo a pensar en nada; la he cagado tantas veces que ya es por demás torturarme con pensamientos; lo tomaré como algo que mi cuerpo necesitaba; porque sí, esto parece una maldita droga, una a la cual no soy capaz de negarme, que basta con su sola presencia para que se me nuble la razón y vuelva a entregarme a él.
—¿No dirás nada?
—No tengo nada que decir, doctor.
—Acabamos de hacer el amor y dices que no hay nada que decir.
—¿El amor? ¿Usted cree