—¡Voy a casarme!—chilló Hazel cuando vio a su amiga Emma, un par de días después.
—¿Casarte? ¿Pero cómo?—la muchacha se quedó con la boca ligeramente abierta—. Ni siquiera sabía que tenías un novio.
—Sé que puede parecerte un poco extraño, pero voy a casarme con Alexander.
El rostro de Emma perdió el color al instante.
—¿Alexander?
—Sí—asintió Hazel, negándose a ocultarlo por más tiempo. Lo amaba, ambos se aman y no eran hermanos, así que no había ningún delito en su unión.
—Pero…
—No s