La luz de la mañana en la costa era de un azul pálido y despiadado. Entraba por los inmensos ventanales de la suite principal, recordándome que la noche de pesadillas y revelaciones había terminado para dar paso a una realidad mucho más peligrosa. Me desperté envuelta en sábanas de seda egipcia que se sentían como una burla contra mi piel. Marcus ya no estaba en la cama, pero su lado del colchón aún conservaba un rastro de calor y ese aroma a sándalo que ahora parecía perseguirme hasta en mis s