Luciano no durmió esa noche.
No fue insomnio común, de esos que vienen por cansancio o exceso de pensamientos. Fue una vigilia tensa, alerta, como si su cuerpo se negara a bajar la guardia. Permaneció acostado junto a Bianca, escuchando su respiración tranquila, observando cómo la luz tenue de la luna se colaba por la ventana de la habitación, dibujando sombras que parecían moverse.
Cada vez que cerraba los ojos, veía la imagen.
El rostro de Gabriela en la fotografía.
Y luego, superpuesto, el r