El apartamento de Carla estaba en silencio cuando Bianca cerró la puerta detrás de sí. Aún tenía el aroma del restaurante pegado a la ropa y una presión en el pecho que no había logrado soltarse desde que salió corriendo del lugar.
Soltó las llaves sobre la mesa, caminó despacio hasta el mueble del salón y se dejó caer en él como si el mundo le pesara encima. No había ruidos, no había voces, no había nadie que la distrajera.
Carla había salido a mercar hace menos de diez minutos, y aunque Bianca agradecía el silencio… también le temía.
Porque allí, en su bolso, estaba el sobre azul claro que Mateo había escrito con sus propias manos.
El sobre que llevaba su nombre escrito como MAMÁ, con tanta dedicación, con tanta inocencia, con tanto amor… que sentía que solo verlo ya le apretaba el corazón.
Bianca respiró hondo, apoyó los codos en las rodillas y sostuvo su cabeza unos segundos.
El silencio era demasiado.
Las emociones demasiado pesadas.
Finalmente, después de pelear con ella misma p