El murmullo ligero del restaurante seguía llenando el ambiente, pero para Bianca todo estaba en silencio. Era como si el mundo se hubiera quedado suspendido del hilo finísimo de lo que Luciano acababa de confesar. Sus latidos sonaban tan fuertes que apenas escuchaba algo más. Las luces cálidas, la música suave, las risas distantes… todo parecía moverse bajo el agua.
Luciano la observaba desde el otro lado de la mesa, con la respiración entrecortada y los ojos cargados de algo que Bianca no sabí