El ambiente del salón había cambiado por completo. Donde antes había tensión, ahora reinaba la emoción. Las luces cálidas, la música suave y el murmullo animado de los invitados creaban un ambiente casi mágico.
Bianca respiró profundamente. Sentía la adrenalina todavía recorriéndole el cuerpo, pero sobre todo… sentía orgullo. Un orgullo nuevo, fresco, profundo. Uno que no había sentido en años.
La herencia ya no estaba en disputa.
Ella ya no estaba en disputa.
Por primera vez desde la muerte de su madre… Bianca era verdaderamente dueña de su vida.
—Mamá —susurró para sí misma—. Cumplí.
Luciano, a su lado, la observó en silencio, con esa mirada suya que parecía leerle el alma. Mateo seguía abrazado a su pierna, feliz, como si su pequeño corazón entendiera que algo sagrado acababa de suceder.
La orquesta comenzó a tocar una melodía suave, un bolero clásico que hacía que todos se detuvieran un momento a recordar tiempos mejores.
Bianca sintió una punzada cálida en el pecho.
Luciano se in