La luz de la mañana entraba a raudales por las ventanas de la mansión, pintando de oro las paredes del dormitorio donde Bianca y Luciano dormían abrazados. Por primera vez en semanas, Bianca había dormido profundamente, sin pesadillas, sin sobresaltos, sintiendo la calidez del cuerpo de Luciano contra el suyo y la paz de estar en su verdadero hogar.
El sonido de unos pasitos apresurados por el pasillo la despertó. Una sonrisa se dibujó en sus labios antes siquiera de abrir los ojos. Conocía eso