La mansión de Los Olivos estaba en silencio. Francisca había salido temprano, con una agenda llena de "asuntos importantes" que, según decía, tenían que ver con la empresa. Patricia, como siempre, la acompañaba. Bianca estaba sola, algo que en los últimos días se había vuelto cada vez más frecuente.
Se movía por la cocina con lentitud, preparándose un almuerzo sencillo. Una sopa, algo de pan, un poco de fruta. No tenía mucho apetito, pero sabía que debía comer. Su tía se lo recordaba constantem