Habían pasado cinco días desde que Bianca huyó de la mansión. Cinco días de silencio, de ausencia, de preguntas sin respuesta. La casa, que antes resonaba con risas y conversaciones, se había convertido en un lugar de ecos y sombras. Luciano vagaba por los pasillos como un fantasma, y Mateo... Mateo intentaba ser fuerte, pero el peso de la incertidumbre comenzaba a aplastarlo.
Esa mañana, el niño bajó las escaleras con su pijama de astronautas, el cabello alborotado y los ojos llenos de una tri