La noche había caído sobre la mansión como un manto de terciopelo oscuro. Luciano estaba en el jardín trasero, apoyado contra la barandilla de piedra que daba a la piscina, el viento fresco de la noche agitando su cabello y la camisa. Necesitaba aire, necesitaba espacio, necesitaba un momento a solas con sus pensamientos después de otro día interminable de incertidumbre.
Bianca estaba en algún lugar de la ciudad, en manos de Francisca, siendo envenenada día tras día. Mateo dormía arriba, pregun