El apartamento estaba en silencio cuando Bianca entró. Solo el ruido lejano del tráfico y el golpe de la puerta al cerrarse rompieron la quietud. Se apoyó contra la madera, resbalando lentamente hasta quedar sentada en el suelo, las rodillas contra el pecho, el rostro entre las manos. Las lágrimas que había contenido durante el camino por fin encontraron salida, un llanto silencioso y desgarrador que le sacudía todo el cuerpo.
Francisca salió de su habitación al escuchar el ruido. Al ver a Bian