La noche había caído sobre el pequeño apartamento de Francisca como una losa. Bianca yacía en la cama de invitados, mirando el techo, incapaz de conciliar el sueño. Las palabras de Luciano resonaban en su cabeza una y otra vez como un eco insistente: "Te amo. Te he amado desde el primer día que te vi."
Pero también resonaban las palabras de su tía: "Es un manipulador, Bianca. Siempre dice eso."
¿Cuál era la verdad? ¿Existía siquiera una verdad en medio de tanta niebla?
El cansancio terminó venc