El coche no se dirigió a una zona industrial, sino al corazón del distrito financiero más exclusivo, donde la arquitectura moderna competía en audacia y elegancia. Luciano detuvo el Aston Martin frente a una torre de cristal y acero que se reflejaba en el cielo azul como una espada gigantesca.
No era una fábrica; era una fortaleza corporativa. El legado de la destilería familiar se había transformado, bajo la dirección visionaria primero de la madre de Bianca y luego de ella misma, en un congl