El sol de la tarde bañaba la mansión López con una luz dorada y perezosa, pero dentro de sus paredes, las sombras parecían alargarse más de lo normal. Gabriela había pasado el día en un estado de alerta silenciosa, repasando cada gesto de la mañana, cada palabra de Mateo, cada mirada de Luciano del Valle. El mensaje de Raúl, prometedor pero vago, había avivado un fuego de urgencia en su pecho. Necesitaba reforzar su posición, asegurarse de que su máscara de víctima amnésica y agradecida fuera i