La noche en el apartamento de Carla fue un bálsamo de normalidad forzada. Hubo más palomitas, más vino, y la comedia romántica dio paso a un documental sobre gatos salvajes que las hizo reír con alivio por la simpleza de sus problemas. Bianca no habló más del asunto, y Carla, sabiamente, no insistió. Le ofreció un pijama limpio, unas toallas esponjosas y la compañía silenciosa de quien sabe que a veces el mejor consuelo es la distracción.
Pero bajo la superficie de esa calma prestada, la mente