Capítulo 122: Ojos en la oscuridad.
La habitación estaba en silencio.
Un silencio tan pulcro, tan perfecto, que a Gabriela le resultó insoportable.
Se sentó en el borde de la cama, suspiró con cansancio real porque el cuerpo sí le dolía, se quitó los zapatos con movimientos tranquilos. Estiró las piernas, masajeó sus tobillos, se recostó un momento mirando el techo.
Actuaba normal.
Pensaba normal.
Respiraba normal.
Hasta que algo la incomodó.
No fue inmediato. Fue una sensación.
Esa misma sensación que tienen las personas cuando