Todo en ella parecía tan perfecto, su delicada piel se veía reluciente bajo la tenue luz de la habitación, su aroma conducía al éxtasis, se sentó en la cama junto a Samantha, apreciando sus rostro, permitiéndose acariciar sus dorados cabellos. Sería tan fácil tenerla, ella era su esposa, pero no, esta vez no estaba dispuesto a ceder ante sus impulsos.
—Estarás más segura sola, mi pequeña caperucita—dijo el Alpha antes de salir de la habitación. Tener a su joven esposa indefensa era una gran ten