Por Sergio
Lo que me costó no moverme cuando la tenía llorando desconsolada, sobre mí.
Quería abrazarla, mimarla, decirle que deje de llorar, que yo estaba bien.
Pero me tenía que asegurar que funcione mi plan.
Cambié por ella.
Es que me pierdo por ella, siento que ella me da la vida y no podía arriesgarme a perderla.
Es única, deliciosa, maravillosa.
La amo, me volvió completamente loco, es distinta a las demás.
Y tenemos una hija, producto de un rato de pasión, hace ya varios años.
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