NARRADOR OMNISCIENTE
El salón entero quedó sumido en un silencio sepulcral. Nadie se atrevía a apartar la vista de las enormes pantallas.
La imagen era brutalmente nítida. El hombre que avanzaba por el pasillo caminó con paso firme hasta detenerse frente a la puerta de Thaís; justo antes de entrar, levantó el rostro hacia la cámara.
El aire pareció desaparecer del lugar en un solo instante.
—¿Ese no es...?
—¡Es el señor Theodore Lockhart!
Las exclamaciones estallaron como una marea por todo el