El silencio se apoderó de la oficina.
Theodore permaneció inmóvil durante varios segundos, observando la puerta por la que ella acababa de desaparecer.
Nunca se había equivocado al juzgar a una persona.
Y esa mujer... no era una oportunista, mucho menos era una cazafortunas.
Era una brillante profesional que había permitido que otro hombre construyera un imperio utilizando su inteligencia.
Cerró lentamente la carpeta que Matteo le había enviado.
Entonces presionó el intercomunicador.
—Natalia.