No Vivirá para arrepentirse

NARRADOR OMNISCIENTE

Theodore soltó su mano con la misma calma con la que la había tomado. Para cualquiera de los presentes, aquel había sido un saludo cordial entre un poderoso empresario y la prometida de su hijo. Nadie habría imaginado la tormenta que acababa de desatarse bajo aquella aparente cortesía.

—Siéntate, padre —dijo Matteo, apartando una silla junto a la cabecera de la mesa.

—Gracias.

Theodore ocupó su lugar sin apartar la vista de los invitados. Sin embargo, de vez en cuando sus ojos regresaban a Thaís. No con descaro, sino con la paciencia de un depredador que estudia a su presa antes de dar el siguiente paso.

Cooper permanecía inmóvil detrás de él. Recordó el informe que descansaba sobre el escritorio del despacho de Theodore. Bastaba una llamada para conocer cada detalle de la vida de aquella joven.

Un camarero comenzó a servir el vino.

—Quiero brindar por mi hijo —anunció Theodore, levantando la copa.

Todos imitaron el gesto.

—Matteo ha trabajado duro para llegar hasta aquí. Espero que continúe demostrando que está preparado para llevar el apellido Lockhart con el honor que merece.

—No te defraudaré, padre —respondió Matteo con una sonrisa segura.

Theodore sostuvo su mirada apenas unos segundos antes de dirigirla nuevamente hacia Thaís.

Ella no había probado una sola gota de vino.

Sus dedos seguían aferrados a la copa con tanta fuerza que los nudillos habían perdido el color.

No era solo miedo. Era culpa. Y Theodore sabía reconocer la culpa cuando la veía.

Mientras los demás conversaban sobre negocios, inversiones y futuros proyectos, él observaba cada reacción de la joven con una atención casi enfermiza. Cada vez que Matteo la rozaba con aparente cariño, ella sonreía por compromiso. Cada vez que él hablaba de la boda, el brillo de sus ojos se apagaba un poco más.

Aquello despertó una duda inesperada en Theodore.

Si realmente amaba a su hijo...

¿Por qué parecía una mujer condenada en lugar de una futura esposa?

Por primera vez desde aquella noche, dejó de pensar únicamente en encontrar respuestas sobre ella.

Empezó a preguntarse qué clase de hombre era realmente Matteo Lockhart.

Theodore se levantó de la mesa y con educación se disculpó y se retiró de la fiesta.

Solo luego de eso, Thaís logró respirar con normalidad.

—Matteo, ya debo irme —le dijo Thaís con la voz baja —debo terminar de preparar el informe que pidió el presidente.

Matteo la abrazó y luego le dio un beso en la frente.

—Pero hermosa, ahora no puedo llevarte a casa. —le dijo con voz dulce

Thaís sonrió con amabilidad.

—No te preocupes, tomaré un taxi.

Matteo asintió y siguió hablando con sus invitados con normalidad. Thaís dio una última mirada, antes de caminar hacia la salida.

Para su mala suerte, la lluvia comenzó a caer empapando su vestido. Caminó por la calle, esperando que un taxi pasara, pero la noche era lluviosa y solitaria.

En la mansión, Theodore leia el informe que descansaba sobre su escritorio.

Theodore pasó las primeras hojas con aparente indiferencia. Nombre, edad, estudios, historial laboral... nada fuera de lo común.

Sin embargo, al llegar a la sección referente a Lockhart Construct, sus ojos se detuvieron.

—¿Qué demonios es esto?

Cooper permaneció en silencio.

Theodore volvió a leer la misma página.

Cada proyecto adjudicado a Matteo durante los últimos tres años llevaba, en letra pequeña, el nombre de la verdadera responsable del desarrollo.

Thaís Laurent.

Los diseños, las estrategias, las propuestas de inversión, los estudios de viabilidad... todo había salido de ella.

—¿Matteo presentó este trabajo como suyo?

—Sí, señor.

—¿Esto… es cierto? —preguntó con molestia.

—Así es señor —respondió Cooper.

Theodore se acarició la sienes mientras hojeada el contenido de la carpeta.

—¿Dónde está Matteo ahora? —volvió a preguntar con la mandíbula tensa.

—Subió a su habitación. Los escoltas vieron una mujer entrar a su habitación —informo Cooper.

Theodore suspiró con fastidio. Lanzó la carpeta sobre la mesa con rabia y salió del despacho hecho una furia.

Ese mocoso infeliz lo iba a escuchar.

Mientras tanto, en la habitación Matteo veia la pantalla de su celular. Tenía varias llamadas perdidas de Thaís.

Sonrió con malicia y lanzó el celular en la mesa de noche.

En la cama, con una pijama provocativa se encontraba Renata sonriendo con burla mientras veia otra llamada entrar.

—¿No le responderás? —preguntó con sorna —esa idiota no se entera de nada.

—Déjala. Ya se cansará de… —sus palabras quedaron a medio decir cuando la puerta se abrió con un estruendo.

Matteo se asustó al ver el rostro furioso de su padre.

—Pa… papá—soltó apenas. Theodore miró a su hijo casi con repulsión y luego a la chica en la cama, quien al verlo se tapo con la sábana con rapidez.

—Explícame por qué la prometida que me presentaste hace una hora no es la mujer que encuentro en tu cama.

Matteo tragó saliva. Las palabras estaban atoradas en su garganta.

—No, Papá, escúchame. No es lo que parece.

Theodore respondió con frialdad.

—Entonces haz que parezca otra cosa.

—Ella es solo una distracción, ya sabes. —empezó a decir con una sonrisa nerviosa. —Ella solo sirve para trabajar, papá. Es brillante, sí, pero nunca pensé casarme de verdad con una mujer como ella.

Theodore no se contuvo y lo abofeteó lanzandolo sobre la cama.

—¿Después de usarla, asi le pagas?

Matteo abrió los ojos. Él no podría saber que Thaís era la mente detrás de su éxito.

—Papá, ella es solo una cazafortuna. No creas todo lo que oyes.

Theodore apretó los puños para contener el deseo inmenso de sacarle la lengua venenosa de su hijo.

—Señor Lockhart, creo que está entendiendo todo al revés. Matteo nunca quiso lastimar a Thaís.

Theodore la miró de reojo con seriedad. A pesar de esa mirada gelida Renata continuó:

—Ella siempre soñó con convertirse en una Lockhart. Pero Matteo no la ama, señor.

Theodore apretó los dientes. No tenia pruebas aún, pero tampoco creia toda esas sartas de idioteces. Y al ver que era una perdida de tiempo decidió dejarlo así. Al final aquello era lo mejor para él.

Si todo lo que decía el informe era cierto, aquella muchacha era demasiado brillante para conformarse con un hombre tan mediocre como su propio hijo.

Theodore salió de la habitación sin mirar atrás.

—Cooper.

—¿Sí, señor?

—Quiero que, desde este momento, pongas un hombre a seguir discretamente a Thaís Laurent.

Cooper frunció el ceño.

—¿Desea protegerla?

Theodore permaneció unos segundos en silencio.

—Quiero saber toda la verdad.

Theodore guardó silencio unos segundos antes de salir de la mansión. Necesitaba saber más. Si el informe decía la verdad, el reconocimiento y la posición que ostentaba Matteo le pertenecían a Thaís. Su hijo no era más que un impostor viviendo del talento ajeno..

Subió al automóvil sin decir una palabra.

La lluvia seguía golpeando el pavimento con fuerza.

—Llévame a la constructora —ordenó.

El vehículo avanzó lentamente por la avenida casi desierta. Theodore apoyó la cabeza contra el respaldo, incapaz de apartar de su mente el contenido del informe. Aquella muchacha no dejaba de aparecer entre sus pensamientos.

Entonces la vio.

Una figura femenina caminaba bajo la lluvia, abrazándose a sí misma mientras intentaba detener algún taxi que nunca llegaba.

El vestido celeste empapado se pegaba a su cuerpo dejando ver mas de lo deseado.

Theodore entrecerró los ojos.

—Detén el vehículo.

El chofer obedeció de inmediato.

A unos metros de Thaís, un automóvil viejo frenó bruscamente. Dos hombres descendieron tambaleándose, con el evidente olor a alcohol escapando de sus cuerpos.

—¿Qué hace una belleza como tú caminando sola a esta hora? —preguntó uno de ellos, bloqueándole el paso.

Thaís intentó rodearlos.

—Disculpen... necesito irme.

El otro hombre soltó una carcajada.

—No seas maleducada. Nosotros también podemos llevarte.

Uno de ellos le sujetó la muñeca. Thaís tiró con fuerza para soltarse.

—¡Suélteme!

El hombre sonrió con descaro.

—Mientras más te resistes, más me provocas.

Intentó acercarla a la fuerza, el miedo recorrió el cuerpo de Thaís.

Miró a ambos lados de la calle. No había nadie.

Nadie...

—¿De verdad creen que quieren hacer eso?

La voz grave y serena atravesó el sonido de la lluvia.

Los dos hombres giraron al mismo tiempo.

Theodore avanzaba hacia ellos con paso firme, las manos dentro de los bolsillos del abrigo oscuro. Detrás de él descendían Cooper y dos escoltas más.

No levantó la voz, ni hizo ningún gesto amenazante, ni siquiera parecía enfadado.

Y, aun así, bastó una mirada para que los dos hombres sintieran un escalofrío.

—Suéltenla.

El que sostenía a Thaís vaciló unos segundos antes de obedecer.

—Solo... estábamos bromeando.

Theodore esbozó una sonrisa tan leve como peligrosa.

—¿En serio? —Dio un paso más. —¿A ti te parece que yo estoy bromeando?

Los dos hombres intercambiaron una mirada y, sin decir una palabra más, subieron al automóvil y desaparecieron a toda velocidad.

Thaís respiró con dificultad mientras se frotaba la muñeca enrojecida.

No necesitó levantar la vista para reconocer el perfume, el mismo de aquella noche.

Cerró los ojos un instante.

—Gracias... señor Lockhart.

Theodore la observó de arriba abajo, empapada, temblando, sola.

Abrió la puerta trasera del automóvil.

—Sube.

Thaís negó con la cabeza de inmediato.

—No.

—No era una invitación.

Ella dio un paso hacia atrás.

—Prefiero esperar otro taxi.

Theodore sostuvo su mirada durante varios segundos.

Luego habló con esa calma que resultaba mucho más intimidante que un grito.

—Hace un minuto estabas a punto de convertirte en la diversión de dos borrachos.

La lluvia arreció sobre ambos.

—Y no pienso permitir que vuelva a ocurrir. El próximo hombre que intente ponerte una mano encima… no vivirá para arrepentirse.

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