En la empresa en donde Piero tenía las oficinas centrales, él seguía trabajando, ya había almorzado con su primo y había mirado la hora una docena de veces.
-Vamos a revisar un archivo.
Dijo Piero, levantándose por sexta vez y fumando otro cigarrillo.
-Estás fumando mucho, hasta más que yo.
-No…fumo solo unos pocos cigarrillos por día.
Al decir eso, miró el cenicero y estaba lleno de cigarrillos.
-No todos son míos.
Se defendió.
Bruno llamó a la secretaria de su primo para que limpiara el cenic